The Fadel Family Since 1937

La familia Fadel desde 1937

La historia de la familia Fadel comienza en Alepo, Siria, en 1937.

Fue entonces cuando Fadel, junto a sus hijos, empezó a elaborar jabón de Alepo siguiendo el método tradicional transmitido en la ciudad durante generaciones.

Desde el principio, la fabricación de jabón fue un oficio familiar. El conocimiento pasó de padre a hijos y, más tarde, de una generación a la siguiente. Lo importante nunca fue la escala ni la rapidez, sino la constancia, el cuidado y el respeto por el proceso.

Los primeros años en Alepo

Los primeros jabones se elaboraban en un antiguo edificio de piedra en Alepo.

Era un lugar sencillo, moldeado por el paso del tiempo más que por el diseño. En su interior, el trabajo seguía un ritmo constante: cocer, verter, cortar y secar, una y otra vez, año tras año.

En 1996, debido al deterioro del edificio, las autoridades ordenaron su demolición. La familia tuvo que trasladarse y construir un nuevo espacio dedicado exclusivamente a la fabricación de jabón.

El método no cambió.

Solo cambiaron las paredes.

Un oficio transmitido de generación en generación

La elaboración del jabón dentro de la familia Fadel nunca fue el trabajo de una sola persona. Siempre fue una responsabilidad compartida entre padres, hijos y las siguientes generaciones.

No existían manuales escritos.

El oficio se aprendía observando, repitiendo y dedicándole tiempo. Formaba parte de la vida cotidiana, no era algo separado de ella.

Gracias a esa continuidad, el trabajo pudo mantenerse sin interrupciones durante décadas.

Años de dificultades

Cuando la guerra llegó a Alepo, la vida cotidiana cambió por completo. Como tantas otras familias, los Fadel tuvieron que tomar decisiones difíciles.

La producción no se detuvo.

Simplemente se trasladó.

La familia se estableció en Gaziantep, al otro lado de la frontera, una ciudad históricamente vinculada a Alepo por el comercio y el intercambio. La transición no fue fácil. Los recursos eran limitados, las condiciones complicadas y reconstruir la rutina llevó tiempo.

Aun así, el jabón siguió elaborándose.

El regreso a Alepo

Con el paso del tiempo y la mejora de las circunstancias, la familia pudo regresar a Alepo, Siria. El lugar original fue restaurado y el trabajo volvió a comenzar donde todo había empezado.

El regreso no fue un gesto simbólico.

La producción se reanudó, las manos recuperaron sus movimientos familiares y el oficio continuó en su hogar de siempre.

Un oficio compartido más allá de Alepo

Aunque el corazón de este oficio sigue estando en Alepo, Siria, el jabón ha llegado con el tiempo a muchos otros lugares.

Gracias a la confianza de quienes crecieron utilizándolo y continuaron valorándolo allí donde vivían, el jabón de Alepo cruzó fronteras y encontró nuevos hogares.

Lo que se compartió no fue un producto nuevo.

Fue una tradición ya existente, transmitida con respeto, sin modificar ni su método ni su significado.

Una tradición viva

La historia de la familia Fadel no trata de expansión ni de reconocimiento.

Habla de continuidad.

De la decisión de seguir haciendo el mismo trabajo, de la misma manera, incluso cuando las circunstancias cambian.

Lo que comenzó en Alepo, Siria, en 1937 sigue vivo hoy, moldeado por el lugar, el tiempo y el compromiso silencioso de una familia que nunca abandonó su oficio.

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